Me he visto aferrada a una rutina persistente, con mis sueños convertidos en sólidas estatuas, dando cabida a pequeñas proyecciones, muy entendidas y comprendidas por mi mundo de adulto. Repito diariamente anhelos que confundo con mis sueños, convenientemente transformados para cubrir mis actuales necesidades:
Cuando decidí marcharme, fue por mi corazón; estaba en agonía y eso dolía. Lo pensé incontables noches, visualizando si es que te atreverías a detenerme. Fui una tonta al creer que aún a tu lado me querrías.