
Carta enviada el 21 de abril.
por Rita Belinda
ritavegat@gmail.com
Estimado señor director:
Me dirijo a usted para expresar una preocupación aunque pueda parecer cotidiano, refleja una tensión cada vez mas frecuente en nuestras ciudades y barrios. La convivencia entre el desarrollo urbano y la preservación de nuestros espacios verdes.
En mi caso en particular, se trata de una árbol ubicado frente a mi propiedad, generando daños estructurales y riesgos que no pueden ser ignorados. Sin embargo, esta solicitud de intervención no es desde la indiferencia ni desapego, sino todo lo contrario; desde la profunda nostalgia de haberlo visto crecer, cobijar nidos, zumbidos de abejas, una minina que adoptamos también, mamas con sus hijos en coche protegiéndose del sol, nos ha dado la mejor sombra cada verano, pero debo dejarlo partir.
Los arboles no son simplemente elementos decorativos, son verdaderos pulmones verdes en medio de ciudades cada vez mas amante de lo pavimentado. Son fuente de sombra y oxigeno, y un recordatorio de nuestra conexión con la naturaleza. Por ello, su cuidado debe ser responsable y constante.
También es necesario reconocer que el crecimiento puede transformarse en un problema. La falta de poda adecuada no solo afecta el entorno sin puede perjudicar al propio árbol. En este sentido, la intervención oportuna no es un acto de destrucción sino de cuidado.
solicitar la poda definitiva de un árbol que ha sido testigo de mi historia familiar, implica una contradicción sentimental difícil de ignorar. El paso del tiempo también exige decisiones responsables, aunque implique desprenderse de aquello que valoramos.
Por ello hago llamado a las autoridades correspondientes a abordar estas situaciones con alturas de mira, que consideren tanto la seguridad de las personas como la importancia de preservar y mantener adecuadamente nuestros espacios. Debemos aprender a vivir en equilibrio.
atte
Rita Belinda