
Carta enviada el 12 de mayo 2026.
por Charano Saldaña
Estimado y calaverico director:
Quien diría que toda la ira que llevo dentro algún día fue amor, cómo es que ese puro sentimiento se transformó en un dementor que me carcome por dentro, sin compasión ni control. Ahora cada recuerdo es veneno lento, cada “te amo” quedó sonando hueco en el viento, y aunque juro que te olvidé hace tiempo, hay noches donde tu nombre todavía incendia mis pensamientos. Sobre todo esos días que ando algo lento, esa sensación de algo molesto que ni yo mismo entiendo, como si el alma me pesara por momentos y el orgullo siguiera discutiendo con todo lo que aún siento. Porque te fuiste… pero no del todo, dejaste cicatrices escondidas en el lodo, yo intentando verme frío frente a todos, mientras por dentro sigo roto hablándole al vacío de algún modo. A ver si así boto todo, ese veneno que me diste a probar, esas mentiras de que nunca me dejarías de amar, promesas que jurabas mirando fijo al hablar, mientras yo daba la vida y tú pensabas en escapar. Y mírame ahora, escribiéndole al dolor, intentando hacer canciones con lo que me destruyó, porque hablar ya no me calma, pero el silencio es peor, se siente frío el pecho cuando el recuerdo atacó. Me volví experto en disimular lo que siento, sonriendo afuera mientras me derrumbo por dentro, cargando despedidas que jamás tuvieron cierre, por eso hay heridas que aunque pase el tiempo… vuelven.
Charano Saldaña