
Carta enviada el 2 de junio 2026.
por Mata Hari
Hoy, señor Director, quiero decir lo que siento por él sin orden, sin una lógica absurda detrás. Porque, sinceramente, esto que siento no se deja explicar. Cómo se escribe algo que se contradice todo el tiempo? Cómo se confiesa algo que una misma no termina de aceptar?
No sé si esto es amor, y esa duda me pesa, me empuja a un espacio reflexivo que no se acaba nunca. A ratos siento que sí, que lo es, y en otros momentos pienso que solo es una ilusión persistente, una forma desesperadamente elegante de aceptar que todavía sigo vigente para estos juegos. Por qué necesito nombrarlo?, Por qué me inquieta tanto no poder hacerlo? Cuando pienso en él no reflexiono; al contrario, me invade. Mi cuerpo se adelanta, recuerda, y vuelve ese dolor antiguo que juré haber olvidado.
Se me acaba de apagar el tabaco y no encuentro el encendedor. Mientras lo busco, él aparece justo en esta escena, y eso es lo más injusto. Nunca llega con drama, llega cuando hago café, cuando miro el celular sin motivo, cuando el día se queda suspendido, cómo alguien puede ocupar tanto espacio sin estar? cómo se vuelve costumbre alguien que nunca prometió nada?
Tengo miedo. El miedo de saber leer entre líneas, de reconocer las retiradas, de entender hacia dónde van este tipo de cosas. Es acaso madurez?, Me estoy cuidando o me estoy rindiendo antes de tiempo?, desde cuándo amar se volvió un acto tan sospechoso?
Dicen que se puede amar sin esperar nada. Qué idea tan fabricada, señor Director, tan poco humana, tan ireal. Es obvio que yo espero. Espero un gesto, una palabra, algo que me saque de este monólogo, pero vuelvo a golpearme con la puerta, esa que no había que empujar, sino tirar. Dígame, eso me hace débil o simplemente honesta? La verdad es que ya me estoy cansando.
No quiero saber si lo amo. Saberlo lo volvería real, serio, sin salida. Prefiero esta confusión funcional, este limbo emocional que al menos me deja respirar, porque no es lo único que tengo revuelto en la vida. Como que me empecé a acostumbrar a tener todo patas para arriba. Si intento entrar en razón, todo se vuelve estrategia: retirarse, no involucrarse, salir ilesa. ¡Qué aburrida sería ese tipo de vida para mí! Quizás, soy dramática, como me dijo alguna vez.
Entonces me hago la pregunta final (porque ya tengo una lista entera sin responder): si sé que voy a perder esta batalla, por qué retirarse tendría que ser lo sensato? Desde cuándo perder está tan mal visto? Por eso lo sigo pensando, con cierto afán ilusionista. Por eso sigo respondiendo lo simple, lo cotidiano, como si nada me pasara. Fingiendo, como si no ardiera por dentro.
Como si esto fuera una demostración de mi madurez… y no solo una forma elegante de seguir quedándome donde no tengo ni el más mínimo espacio.
Mata Hari