Las mil y una noche

Quizá por eso la estoy escribiendo ahora. No para volver al pasado, sino para salvar de él aquello que todavía merece permanecer.
Admin Calavera
13 de septiembre de 2026

Carta enviada el 09 de septiembre 2026.

por Mata Hari

Estimado Director:

El otro día, después de leer su último correo, me quedé pensando en aquello que dijo sobre el afán en escribir del desamor, como si las palabras más hondas solo pudieran nacer de aquello que nos hiere. Me hago la misma pregunta que usted: será que una historia necesita terminar en ruinas para convertirse en literatura?

Hoy recordé otra historia. Una hecha de libros abiertos, besos, flores, copas de vino y música árabe deslizándose suavemente por las cortinas de una habitación de aquellas noches que parecían no tener fin. Un romance que, durante un tiempo, tuvo la extraña virtud de hacerme sentir como una sultana en algún palacio perdido del mundo otomano, rodeada de lámparas encendidas, jardines perfumados y fuentes de mármol.

Había algo deliciosamente anacrónico en su manera de entender el romance. Mientras la ciudad corría detrás de la inmediatez, él parecía empeñado en devolverle ceremonia a los detalles. Una flor aparecía sin explicación; una mesa me esperaba escogida con cuidado; una llamada inesperada a las tres de la mañana o una copa se llenaba lentamente mientras la conversación se alargaba más allá de las horas del reloj,.

Nunca parecía estar simplemente invitándome a salir. Parecía abrir ante mí una puerta hacia otros tiempos.

Él me mostró las raíces de su mundo árabe, sus aromas, sus sonidos, esa forma de envolver lo cotidiano en cierta solemnidad. Y así, casi sin darme cuenta, la vida adquiría una belleza ligeramente irreal: el perfume de las flores mezclado con el incienso, las luces doradas sobre las mesas y el murmullo de la música de sus ancestros... Y él, como el caballero atento que era, parecía cederme el paso hacia uno de los capítulos de Las mil y una noches.

Lo más curioso de aquel hombre moderno era que no le temía al romanticismo. No parecía necesitar permiso para ser atento, para sorprender, para mirar de frente aquello que otros suelen esconder detrás de la ironía o la inseguridad. Quizá por eso me gustaba tanto...

Pero sabe? Esta vez prefiero abstenerme de contar el final.

Porque ese sultán moderno tenía un defecto. Uno bastante importante para mí, por cierto. Y revelarlo sería encender las luces demasiado pronto, obligando a esta historia a abandonar ese territorio suspendido donde todavía prefiero conservarla: entre la memoria y el deseo de recordar solamente lo mágico.

Quizá por eso la estoy escribiendo ahora. No para volver al pasado, sino para salvar de él aquello que todavía merece permanecer.

Porque usted sabe Sr Director, que hay noches que, aunque el tiempo las haya terminado, continúan encendidas en algún lugar de este libro que llamamos memoria.

Mata Hari

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3 comments on “Las mil y una noche”

  1. Mi querida espía, permítame una vez más quitarme el sombrero ante usted en virtud de sus modales, no creo de caballeros dejar de explicitar mi admiración hacia tan buen gesto, teniendo una razón poderosa para derrocar esta historia y demoler la imagen del con genere, elige usted solo narrar lo bonito.
    Aunque conozco mi especie, creo que más que un sultán que pueda abrir portales en el tiempo, lo definiría como un artista, un ajedrecista habilidoso, logro mover sus piezas con suma delicadeza con una maestría milimetrica, bueno está demás escribir el final, usted conoce mucho mejor que yo las reglas del juego….quizás solo estoy monologando un poco, el contraste entre los hombres memorables versus las mil y una noches, propone un pequeño aroma a ingenuidad o auto convencimiento….aunque como lectura siempre es un placer.
    Su precisión y afilada pluma siempre sorprende el contenido esta vez me llevó a un sin fin de reflexiones, nos vemos mi preciosa espía, de momento el diablo solo leerá a la caricia de una vela…

    1. Don Diablo, créame que las fantasías de esta espía, doctorada en las artes del espionaje, han encontrado en los cristales de la realidad sultanes y generales dispuestos a concederle más de una fantasía, entre lujos y caprichos que sería poco elegante enumerar...

      Por eso me resulta tan divertido que usted encuentre ingenuidad en mis palabras. Qué encantadora seguridad la de un Diablo que cree haber descifrado a su espía. Hubo quienes se sintieron tan seguros de conocer mis jugadas que ni siquiera advirtieron cuándo llegó el jaque mate.

      Pero no se confunda, Don Diablo. Una espía también sabe ser juguetona, y a veces concede al adversario el placer de creer que lleva la partida… mientras ella disfruta viendo cómo mueve las piezas.

      Aunque hay algo que me intriga más que su teoría sobre mi ingenuidad: aquella noche en que caminé por sus sueños, por qué dejó usted la vela encendida? Dígame, Don Diablo… era acaso mi visita la que estaba esperando?

      Porque una cosa es soñar con una espía… y otra muy distinta es dejarle la luz encendida para que sepa que la estaban esperando.

  2. Mi querida espía, la seguridad expecta control sobre una situación, y al otro lado de la moneda el control refleja miedo, el miedo de no tenerlo, este viejo demonio ya renunció a eso, no aseguró ingenuidad en usted lo plantee cómo suaves notas aromáticas de ironía, usted sabe mucho más jugar ese juego que yo, yo por mi parte estoy en paz con personas como usted, las cuales tienen un sin fin de un conocimiento empírico, luego de tanto zurcirme el cuero en estos encuentros he concluido que prefiero avanzar sin miedo a lo que pueda pasar usted bien lo ha escrito en más de una oportunidad llega el momento en que todo pasa y todo sana….. la vida es una carrera de resistencia, no de velocidad y sentado en mi trono de osamentas me he desangrado tras las cortadas de alguna dama más no he muerto, aún no ha sido suficiente, por otro lado usted muchas veces asume características infernales en este caído que en realidad reflejan algo más en usted que en mi… las cosas suelen ser más sencillas.
    Por cierto pierda cuidado mi vela está encendida y espero espectante, pero es solo curiosidad, su encanto es su misterio, y espero que mi curiosidad no termine por acabar con el, o que el solo se resuma en eso, vea mis ojos y verá mi alma rota, no le temo a nada mi querida espía, le mando un beso, siempre es un placer…

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