
Carta enviada el 10 de junio 2026.
por Liz Mathieu
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Señor Director:
Con la venia de quien habita el umbral entre la vida y el papel, envío estas líneas para el archivo de esta casa. En una época donde el silencio es un lujo, agradezco la oportunidad de compartir este testimonio, una calavera que no busca el fin, sino la verdad de los caminos que nos reescriben.
La Muerte llegó de verde vestida, buscando el vínculo de aquella partida. De siete hijos la madre fue un día, pero el destino otra cuenta traía. Once cargas el tiempo le dio, y en hija a la nieta entonces mudó. No fue la sombra su más fiel aliada, sino el cambio de rol en la encrucijada. Caminos inciertos, pobreza y azar, la Catrina no pudo sino observar, cómo en la página de un libro cerrado, el árbol genealógico fue reformado.
Como bien dicta la norma de este espacio, entiendo perfectamente que la calidad y la pulcritud de las letras son el único filtro para los esqueletos que aquí habitamos. Quedo a su entera disposición para cualquier edición que considere pertinente en aras de la excelencia de Calavera Lectora.
Que esta carta sirva como constancia de mi paso por esta senda y como prueba de que, incluso en la pobreza y en la sombra, la literatura siempre encuentra su cauce.
Atentamente,
Liz Mathieu