La psicomagia del Adiós, por Mata Hari

Quizás escribir estas líneas sea una especie de psicomagia, un ritual íntimo para terminar de incinerar las cenizas de aquello que insiste en permanecer. Porque hay recuerdos que, aun convertidos en escombros, conservan una chispa traviesa, una pequeña voluntad de volver a encenderse.
Admin Calavera
12 de octubre de 2026

Carta enviada el 04 de octubre 2026.

por Mata Hari

Estimado Señor Director:

Nunca antes había tenido que despedirme tantas veces. De personas, de historias, de lugares, de afectos y de aquellas certezas que, ingenuamente, creí que permanecerían para siempre. Fue el año de los adioses, de despedirme de los besos que me gustaban, de las risas que me salvaban de la rutina, de los abrazos que conseguían silenciar mis incertidumbres y de aquel sueño, tan sencillo y tan inmenso a la vez, de construir una familia, una vida estable, un lugar al que siempre pudiera regresar... También tuve que despedirme de personas con las que valía la pena compartir los días fríos, los pasillos administrativos, las jornadas interminables y esas pequeñas complicidades que, de pronto, conseguían dibujar un arcoíris en medio de una existencia que, a ratos, parecía profundamente ingrata.

Quizás escribir estas líneas sea una especie de psicomagia, un ritual íntimo para terminar de incinerar las cenizas de aquello que insiste en permanecer. Porque hay recuerdos que, aun convertidos en escombros, conservan una chispa traviesa, una pequeña voluntad de volver a encenderse. Pero no, Señor Director, esta vez no...Hay fuegos a los que ya no debemos regresar. Si no termino de quemar esas cenizas, corro el riesgo de consumirme en ellas.

Entonces me pregunto, Señor Director, desde esta extraña suspensión en la que habito: cuánto de nosotros se llevan las despedidas? Qué sucede con aquella parte de nuestra existencia que dejamos en los labios de un beso, en la calidez de un abrazo, en una conversación que quedó inconclusa o en los sueños que alguna vez imaginamos eternos? O acaso nos convertimos, inevitablemente, en una suma de todas las personas que fuimos y de aquellas que ya no podremos volver a ser?

Y aquí estoy, mientras le escribo, suspendida en esta especie de paréntesis existencial, sin saber muy bien si estoy esperando algo o simplemente aprendiendo a no esperar. A veces sonrío por cortesía al futuro, como quien recibe a un desconocido y procura ofrecerle una buena impresión, aunque por dentro todavía esté recogiendo los pedazos de mi propia historia. No sé si la vida me depara una revancha, si volverán otros rostros, otros aromas, otros paisajes o si, sencillamente, tendré que aprender a encontrar belleza en una existencia distinta de aquella que alguna vez imaginé...

Y entre tantas líneas, espero que este ritual de psicomagia me permita, finalmente, enterrar esta tristeza silenciosa que me acompaña, disfrazada de un optimismo ingenuo que apenas alcanza para sostenerme mientras todo tiembla dentro de mí. Me aferro, entonces, a la imagen de mis propios huesos sosteniéndome en el umbral de una puerta que todavía no me atrevo a atravesar. Detrás quedan los fantasmas de lo que amé, las promesas que no llegaron a cumplirse y todas aquellas vidas posibles que alguna vez imaginé como mías...

Se despide la espía, la que quizás renuncie a su oficio, ahora que ya no quedan secretos por descifrar ni rastros que seguir ...

Mata Hari

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