
Carta enviada el 13 de agosto 2026.
por Charano Saldaña
Estimado calaverico director:
No extraño a la persona, extraño la dosis, mi cerebro pide amor como el adicto pide cocaína. No es que quiera volver, es que extraño cómo me hacía sentir, porque a veces confundimos el remedio con la enfermedad.
La dosis era un abrazo que no pedía explicaciones, una voz que llenaba los silencios, una compañía que hacía más liviano el peso de todo, pero a la vez, la dosis era la mentira más dulce, el espejismo en el desierto, la promesa de un paraíso que nunca existió.
Hoy estoy en abstinencia de mí, desintoxicando el alma, y duele, duele como duele lo que nos hace bien a medias, lo que nos tiene enganchados a un quizás, la dosis era necesaria, pero la sobredosis de esperanza nunca debí tomarla, quizás sea tiempo de buscar el amor en otro lado, en lo simple, en lo real, en lo que no necesite de una dosis para ser sentido.
Charano Saldaña