
Carta enviada el 29 de abril 2026.
por Hija del Silencio
Señor Director:
En los últimos meses hemos visto cómo el debate sobre la seguridad pública se toma las portadas de los diarios, pero poco se habla de un grupo que vive esta realidad de forma crítica: los estudiantes de regímenes vespertinos. Como estudiante de Servicio Social en modalidad tarde-noche, observo con preocupación cómo la brecha de protección se expande al caer el sol.
Quienes cursamos carreras técnicas o profesionales después de la jornada laboral, no solo enfrentamos el agotamiento físico, sino también una ciudad que parece "cerrarse" antes de que nuestras clases terminen. La disminución de la frecuencia del transporte público y la escasa iluminación en los paraderos aledaños a las instituciones de educación superior no son solo un inconveniente logístico, son un factor de riesgo que vulnera el derecho a la educación y a la integridad física.
La labor del trabajador social se basa en la justicia y el bienestar comunitario. Por ello, es imperativo que las autoridades locales y las empresas de transporte dejen de mirar hacia otro lado. No se trata solo de "poner más patrullas", sino de garantizar rutas seguras y frecuencias reales de buses que nos permitan regresar a casa sin el miedo constante de ser la próxima cifra en las estadísticas de delincuencia.
La educación es el motor de movilidad social en nuestro país, pero ese motor no puede funcionar si quienes buscamos un futuro mejor debemos transitar por calles que el Estado parece haber olvidado después de las ocho de la tarde.
Estudiante de Servicio Social.
Hija del Silencio