Soffia Cavilar nos recuerda que la adultez, además de un montón de deudas, también es una careta que mantenemos para fingir que todo funciona, cuando, en realidad, todo se derrumba tan, pero tan lentamente, que nadie lo nota.
(...) Nunca imaginé que quien movía mis fibras también podría destrozarme el alma. A todas las calaveras que me leen: vivan, aun con el peso del dolor. Los recuerdos no desaparecen; solo se cubren de polvo mientras nuevos momentos intentan ocupar su lugar.