Una tarde de otoño decidí volver a hablar con él. Tomé lápiz y papel y comencé a escribir. Entonces ocurrió algo que creía olvidado: era como despertar una pasión dormida. Con cada palabra que escribía, mi corazón encontraba alivio; con cada estrofa, mi pasión volvía a crecer.
Tu sonrisa quedó tatuada después de aquel beso, y esa ternura tuya recorriendo mi cuerpo me hizo sentir completo, más allá de la lujuria. Sin embargo, nunca imaginé que aquel adiós me dejaría incompleto.