(...) el propósito de esta carta es para dejarle un mensaje a aquellos nóveles suicidas que se atreven a navegar por las aguas tormentosas que rodean a los escritores: No boten ni rompan sus borradores. Guarden todo y en algunos años verán algo más en sus textos.
Amable Director, Hace algún tiempo, desde mi ventana, contemplé un crepúsculo que anunciaba una noche distinta. Observaba lo que restaba, de la puesta de sol, siempre desde mi ventana.