
Carta enviada el 21 de nov.
por Ángel
Estimado Director:
Sé que esto será poco profesional, pero quien escribe esta carta es el verdadero yo.
Sinceramente, nunca fui un gran fanático de lo literario; que la lectura fuese una obligación quitaba la pasión y el cariño que un buen relato puede tener guardado. Me arrepiento de haber mantenido de lejos la lectura y la escritura durante tantos años, pero últimamente me he interesado en este mundo y me ha sido de mucha ayuda.
No es solo un escape de la realidad que me brinde paz y felicidad. Reflexiono de más en vez de sobrepensar; revivo recuerdos que juré haber olvidado. Incluso un mínimo olor me trae memorias que se sienten igual de vívidas que el presente. Tantos recuerdos y emociones abruman mi mente, así que lo traspaso a lo escrito. Ya sea con lápiz y papel o en una pantalla, es un desahogo que con palabras habladas no puedo expresar; al escribirlo, me siento liberado y escuchado.
No estoy seguro de si el título podrá ser algo escandaloso, pero por este pasado octubre y los pasados días de noviembre es el porqué estoy aquí. Era algo inevitable. No solo sentí angustia, miedo, pena y amor, también sentí esperanza, pero ahora todo se desvaneció para bien. Sentí demasiado; si llego a amar, lo hago de corazón. Creo que fui el único.
En parte, me alegra pasar malos momentos, ya que son de ayuda. Podrá sonar raro, pero no niego ni hago ascos a sufrir o a que me pasen cosas malas; es parte de la vida y quiero vivir cada mal momento que ya está escrito en esta vida que llevo. Aún soy joven y quiero crecer rápido, pero sin quedarme estancado en el pasado ni sobrepensar mi futuro, aunque tampoco quiero estar en un presente constante.
Creo que es todo lo que diré. Muchas gracias por darse el tiempo de leer mi carta. (Solo si la leyeron, si no pues no)
Ángel