
Carta enviada el 30 de abril 2026.
por Mata Hari
Señor Director:
Quiero contarle algo sin rodeos: detesto la autoayuda. Hay en ella una pretensión persistente de querer ser buenos como quien completa un checklist, como si la bondad -o la corrección-fuera una suma de gestos aprendidos y no un lugar lleno de grietas....No le miento: caminé por esos senderos, con la esperanza de redimirme en algún punto. Y, a mi pesar, todavía digo lo políticamente correcto algunas veces.
¿Se ha mirado al espejo a contraluz? ¿Quizás al anochecer? El rostro que aparece ahí no es el mismo que vemos cuando se asoma el día,o al reflejo del espejo al lavarnos la cara. Ese reflejo nocturno no concede ni la más mínima tregua. Pues bien, me vi ahí. Al principio me horroricé... Vi un rostro antiguo, con esas arrugas indeseables que mi vanidad -a mis 37 años-se niega a aceptar. En ese reflejo los surcos se marcaban más, las ojeras pesaban, las maldades asomaban sin pudor.
Vi con asco los ojos de la envidia y de la ira; ese abismo entre el deber ser, lo que quisiera ser, y lo que soy en la realidad. No le miento: me asusté un poco. Me vi, indeseable, asimétrica, ensombrecida por la verdad más cruda, sin maquillaje, sin puesta en escena.
Quise convencerme de lo que había visto era solo una imagen. Así que compré uno que otro libro de autoayuda: cómo sacar tu verdadero potencial, como ser la mujer de tus sueños, como si esa versión de mi estuviera esperando ser descubierta, intacta y luminosa. Porque claro, es el traje que una puede mostrar para circular sin grandes fricciones en el día a día. No le miento, lo leí con una esperanza vaga -pero insistente-de que esa versión también podía ser yo.
Volví a mirarme al espejo. Hice el ejercicio... Y sí, vi nuevamente ese reflejo amargo.
Entonces me pregunté si contaba con el valor de mostrar esa otra cara, pero no...porque quizá no es solo maldad o fealdad lo que habita ahí, sino dolor. Y, usted sabe, que el dolor no edifica relatos, no vende certezas, no protege; solo se dedica a exponer. Entonces, como no soy valiente, aprendí a corregir, a suavizar, a tapar, a llamar "trabajo interior" a lo que en realidad para mi, es supervivencia.
Sigo usando la base de maquillaje del tono exacto de lo que se espera de mí, primero, porque no encontré mi verdadero potencial, más bien entendí que no existe tal cosa esperando ser revelada, eso es una mentira del autoayuda. Solo sé que tengo un cuerpo que insiste, una conciencia que se observa a si misma sin mayores consuelos y una elección que hago dia a dia: seguir existiendo aun sabiendo que debajo de la base de maquillaje no hay redención, solo la materia más cruda de lo que soy.
Mata Hari