
Carta enviada el 12 de octubre 2026.
por Mata Hari
Quiero que arda todo
Lo que fuimos, lo que inventé,
lo que nunca llegamos a ser.
Que el fuego devore tu nombre,
que la memoria se vuelva un cementerio sin lápidas,
que ni siquiera la nostalgia sepa dónde encontrarte.
Y si alguna vez regresas,
que sea tarde, cuando tu recuerdo no encuentre casa en mi cuerpo, cuando mis pulmones hayan olvidado tu humo
y mi sangre ya no pronuncie tu nombre.
Me rehuso a comprenderte...
Quiero arrancarte de mí
con la violencia con que se arranca una raíz enferma,
aunque al hacerlo me lleve conmigo parte de la tierra.
Que no quede nada. Ni el rastro de tu sombra, ni el eco de tu voz,
ni esta mujer que fui cuando todavía esperaba algo en el marco de una puerta.
Y cuando todo termine, cuando el último rescoldo se apague y el humo deje de dibujar tu silueta en el aire,
quiero mirar mis manos vacías y no reconocer en ellas la forma de tu centro.
Porque si algo ha de morir esta noche, no seré yo: serás tú, en todos los recovecos de mi memoria.
Y no habrá ceremonia.
Ni sepulcro.
Ni ritual.
Ni una última palabra que te conceda la dignidad de una despedida.
Y cuando por fin deje de fumarte, cuando tu nombre ya no me robe el aire,
no habrá perdón, ni olvido, ni siquiera rencor.
Habrá, apenas, una última colilla consumida en este cenicero,
el balcón abierto, la cordillera intacta y yo, por fin, respirando otra vez...
Mata Hari