
Carta enviada el 5 de octubre 2026.
por Mata Hari
Señor Director:
Hoy me levanté punzante, dolida, sangrante.
Recordé todos aquellos momentos en los que no fui vista por él. Sus palabras, sus acciones y, sobre todo, esa risa. Esa risa que vuelve una y otra vez para recordarme que yo estaba dentro de una escena en la que él había tomado palco. Había venido a mirar un espectáculo de humor mientras yo pedía, sentía, reclamaba, intentaba ser escuchada.
Quizá lo más doloroso no fue que no me quisiera como yo necesitaba, sino descubrir que, mientras para mí aquello era una escena de la vida, para él podía ser apenas entretenimiento.
Entonces decidí, por fin, sentarme seriamente con esa mujer. Con la Drama Queen. Fue una decisión incómoda, pero necesaria. Esa mañana, ella ya no hablaba. Gritaba.
Había pasado tanto tiempo encerrada en aquella habitación que comenzó a romper los espejos contra las paredes. Uno tras otro. Como si estuviera cansada de contemplarse fragmentada, de verse desde afuera, de preguntarse quién era esa mujer que siempre le terminaban doliendo las mismas cosas.
-Ya era hora -le dije. No respondió. Solo siguió rompiendo espejos.
Así que preparé la mesa del balcón. Puse el hervidor para preparar mi café, busqué mi tabaco y salí a encontrarla. Mientras preparaba el cigarro, sentí su presencia.
Nos sentamos frente a frente…Me habló de la rabia que sentía, de las veces que quiso ser elegida. De las veces que aceptó migajas y después se castigó por haberlas aceptado. Me habló de su necesidad de ser mirada, de ese hambre antigua de que alguien dijera: te veo, no tienes que hacer nada para que me quede.
Y por primera vez no intente corregirla. No le dije que exageraba. No le pedí que fuera razonable. No intente hacerla desaparecer. La escuché atentamente…
Hasta que, después de mucho silencio, le hice la pregunta que quizá debí hacerle desde el principio:
-Qué necesitas?
Me miró. Esta vez sin rabia.
-Quiero que me cuides. Que me quieras incluso cuando sea difícil quererme, que me tomes de la mano y camines conmigo. Quiero dejar de vivir siempre en el mismo escenario. Quiero vivir lo que sueño.
La miré y sentí una tristeza profunda. Porque, de pronto, comprendí que aquella mujer no estaba pidiendo demasiado. Solo estaba pidiendo que alguien no la abandonara Y ese alguien, esta vez, tenía que ser yo.
La abracé fuerte. No para calmarla, sino para que pudiera sentir algo que durante demasiado tiempo había buscado afuera.
Ella lloró y yo también.
Y nos quedamos así durante un rato, abrazadas, mientras el humo del cigarro se deshacía lentamente en el aire.
Desde aquel día, Señor Director, las cosas han cambiado entre nosotras. Poco a poco, hemos aprendido a caminar juntas. Descubrí, que la Drama Queen no era mi enemiga..
Quizá el error fue, Señor Director, haber esperado tanto tiempo que alguien más hiciera por ella lo que yo ni siquiera me había atrevido a intentar.
Pero esta vez, será distinto: ella me tiene a mí y yo, a ella…
Mata Hari