Cuando el pasado toma la línea 2 del Metro de Santiago

Le vengo a contar una historia. Me explico de más, disculpe, señor director. Tal vez sea solo una forma de postergar lo que duele cuando llegan los detalles... Me acuerdo perfectamente, eran las 20:57, estación Los Héroes., línea 2, dirección La Cisterna. Era un día de semana, año 2022. El metro con su ruido mecánico […]
Admin Calavera
24 de mayo de 2026

Carta enviada el 19 de mayo 2026.

por Mata Hari

Le vengo a contar una historia. Me explico de más, disculpe, señor director. Tal vez sea solo una forma de postergar lo que duele cuando llegan los detalles...

Me acuerdo perfectamente, eran las 20:57, estación Los Héroes., línea 2, dirección La Cisterna. Era un día de semana, año 2022. El metro con su ruido mecánico habitual, avanzaba lentamente, sin vida y la gente también. Nada de otro mundo.

Pero el pasado, con su polvo espeso, decidió acompañarme en el andén. Era él. Advertí su presencia antes de verlo… usted sabe Sr Director, que algunos fantasmas no necesitan rostro.

Caminaba erguido, tranquilo, como quien estrena una identidad nueva, una de vitrina, comprada en el retail, en cuotas y sin remordimientos…. Iba de la mano con ella. Se puso a mi lado, sin pedir permiso, sin disculpas... como si no hubieran restos de esa relación tan tormentosa e inmadura que tuvimos.

Mi corazón me golpeó el pecho, con fuerza, con la torpeza de entregarme un último latido, ese que aún llevaba su nombre. Yo me quedé quieta… Aprendí a quedarme quieta ante la certeza de no hallar salida: helada, pálida, con la mirada fija, como ese momento previo antes de anticipar la huida.

Subimos al mismo vagón. Le di la espalda, fiel a mi costumbre de sobrevivir…No le miento...no fue valentía Sr Director, fue instinto.

Es triste, habían pasado años, quizás los suficientes para olvidar..pero los reflejos no mienten y muchas veces son crueles: en las puertas, lo vi reflejarse, acercarse a su oído, mirarme, y señalarme sin palabras. Como si, el gran juez, ya le hubiera concedido algún derecho, ese de culpar sin pruebas ni testigos.

Él podía amar de nuevo, tomar otra mano, confiar, pero yo no. Con él, perdí la fe y la inocencia de creer que amar alcanza.

En aquel tiempo no hubo culpables. El asesino había huido sin dejar rastros. Y no fue él.¡Cómo podía ser él! , fue una mano ajena que tomó la daga y me dio, justo ahí, en el blanco. Fue una sombra, esa que no pide permiso en el silencio de la noche y que nadie reclama su nombre.

Sepa usted, Sr Director, lo más irónico de toda relación amorosa, es que nadie responde por los crímenes que se cometen sin balas ni sangre. Menos aún, quien- en un gesto altruista-reclama un corazón roto que no le es propio?

Mata Hari

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