No sé si esto es amor, y esa duda me pesa, me empuja a un espacio reflexivo que no se acaba nunca. A ratos siento que sí, que lo es, y en otros momentos pienso que solo es una ilusión persistente, una forma desesperadamente elegante de aceptar que todavía sigo vigente para estos juegos.
Kodata nos envía poéticos párrafos indagando los alcances el infinito: aquello que nuestra condición mortal nos impide conocer a cabalidad ¿O no? Como nadie sabe qué pasa después de morir, dejamos abierta la interrogante.