Los jóvenes que forman bandas tienden a copiar estilos de sus bandas favoritas, cosa que no tiene nada de malo. El problema radica en copiar toda la esencia y no innovar.
Confusión de voces y sonidos, interminables pisadas, llamadas de espera, percusiones fragmentadas en un epicentro de claridad; el barullo de los viajeros invade expresiones taciturnas, tristes o felices (...)