...Quiero comentarle que, hasta el momento he disfrutado abordando en mis epístolas temas universales y que van más allá de los géneros; sin embargo, manteniendo la sinceridad en la comunicación, hay algo que me perturba y me gana la inquietud de saber si es usted una calavera de hombre o de mujer...
(...) Nunca imaginé que quien movía mis fibras también podría destrozarme el alma. A todas las calaveras que me leen: vivan, aun con el peso del dolor. Los recuerdos no desaparecen; solo se cubren de polvo mientras nuevos momentos intentan ocupar su lugar.