Vi con asco los ojos de la envidia y de la ira; ese abismo entre el deber ser, lo que quisiera ser, y lo que soy en la realidad. No le miento: me asusté un poco. Me vi, indeseable, asimétrica, ensombrecida por la verdad más cruda, sin maquillaje, sin puesta en escena.
Cada día siento que me cuesta respirar, siento mis respiros pesados, me pesan los párpados y lo único que he logrado ver y decir es tu nombre, Cynthia...