Cada día parece un sueño, uno donde cada imagen se distorsiona y crea sus propios colores. No siempre son los adecuados, pero tristemente viven en nuestros corazones. Sin embargo, entre las sombras de la rutina y esos momentos que quisiéramos olvidar, aparecen sonrisas inesperadas (...)
Los comediantes pecan de tomarse el humor en serio, exponiéndose a la furia del público. En otras partes del mundo esto carece de importancia, pero en Chile es representativo del carácter nacional. Alejandro Castro opina sobre la mentada rutina en su concisa carta.