La química y el diablo, por La profe

Estimado director, Quiero expresar, por medio de esta carta, mis emociones.
Admin Calavera
31 de octubre de 2026

Carta enviada el 15 de octubre 2026.

por La profe

Estimado director,

Quiero expresar, por medio de esta carta, mis emociones. Resulta que han ocurrido muchos cambios en mi vida: cambio de ciudad, de trabajo… A veces vivimos en modo sistemático, pero este año fue más pausado, disfruté de un café caliente mientras llovía, en la tranquilidad de mi casa durante el invierno. Como profe, siempre había querido regalarme más de esos momentos bellos de la vida, con la mente tranquila y sabiendo que, en algún momento, las cosas cambian.

Y es aquí donde me detengo, porque soy muy creyente en las energías de las personas y apenas lo vi (sí, a él, al diablo), sentí esa química que se da pocas veces. Me fijé en su boca, en su tono de voz, en su barba rojiza… ¡Y me encantó! A veces, el diablo también es hombre y, justo en ese momento, comenzó mi juego de miradas, él no entendía nada, pero yo ya tenía clara mi intención.

Luego me acerqué a conversar y conocí su particular forma malévola de ser. Pero hasta el diablo se pone una armadura para esconder su afable corazón.

Por supuesto, el diablo no tiene redes sociales, así que tuve que hablarle directamente, y, claro, había una excusa. Pero él me descubrió. Quise creer que lo había burlado, pero de inmediato lo supo y mostró interés. No sabía si iba a morir, pero quise intentarlo.

Seguimos con el diálogo, igual que Fausto, hasta que coincidimos demasiado cerca en tiempo y lugar. Nos propusimos vernos. Hacía tiempo que no sentía esa sensación de tener el corazón acelerado ni estaba tan nerviosa. Caminé vertiginosamente, mirando a mi alrededor y buscándolo, y ahí estaba él, con una boina al estilo Peaky Blinders. No podía creer lo hermoso que se veía.

Me acerqué a él para saludarlo. No sabía qué hacer y… ¡me besó! ¡Diablos! Quedé atónita por dentro, procesando el beso y queriendo más. Comenzamos a caminar. Lo observaba; quería ver sus gestos, cómo reaccionaba, si estaba tan nervioso como yo. Y nos besamos nuevamente, y otra vez.

Nos teníamos que despedir, así que le pregunté si sentía atracción por mí. Me respondió que, de no ser así, no estaría ahí en ese momento.

No sé qué pasará, ni si me llevará al infierno, pero estoy dispuesta.

P. D.: No me quiero enamorar. Espero que nunca leas esto. Te amaré desde las sombras.

Atentamente,

La profe

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