
Carta enviada el 14 de julio 2026.
por Charano Saldaña
Estimado calaverico director:
Esto empezó como un susurro, una simple distracción, tapando con sonrisas lo que el alma ya sufrió. Pensé que controlaba los hilos de la situación, pero el nudo en la garganta me delató.
Me construí una armadura para no sentir, mi corazón con candado y los sentidos en observación, para darle pelea, me protegía la derrota, pero sus historias se colaban como lluvia por las grietas, porque su mirada sabía dónde estaban mis costuras.
Entonces aprendí que las armaduras también pesan, que proteger es aislar, que es imposible sentir sin riesgo de caer, y que a veces, dejar de pelear es la única victoria, hoy camino sin escudo, y aunque el pecho se me exponga, siento el aire como nunca.
Charano Saldaña