Me he visto aferrada a una rutina persistente, con mis sueños convertidos en sólidas estatuas, dando cabida a pequeñas proyecciones, muy entendidas y comprendidas por mi mundo de adulto. Repito diariamente anhelos que confundo con mis sueños, convenientemente transformados para cubrir mis actuales necesidades:
"Estimado director, Tinder me tiene podrido, y cualquier otra red social relacionada a conocer personas. Apenas cumplí los 18 años me creé mi perfil. Al principio, como siempre lo hacen estas malditas apps, tuve muchos likes y match. A los nuevos usuarios nos publicitan como si fuéramos los nuevos Brad Pitt."