Y ahí estaba yo, aburrido en la casa de mi papi, obligado a escuchar incoherencias de un viejo que pronto no volvería a ver. Pero decidí hacer el intento de pasar un rato agradable con él, así que me paré del sillón en que estaba echado y me dirigí a la pieza de mi papi, el cual, al verme pasar, me preguntó lo que siempre me preguntaba (...)
Buscamos la evolución del pensamiento, la evolución del sentido social y personal, no solamente colectivo, sino de buscarnos a nosotros mismos, conocer nuestro laberinto es conocer también nuestras propias debilidades y fortalezas.