Podría escribirle un libro sobre por qué escribir aviva mi alma, pero dado que ha dejado claro en su ejemplo que solo podrán ser quinientas palabras, y que ya he perdido unas treinta, paso a decirle que escribir enciende mi ser.
He conocido la camilla del hospital público, donde el dolor espera , donde las miradas evitan encontrarse y donde uno aprende que quejarse puede ser visto como una molestia.