Cuando decidí marcharme, fue por mi corazón; estaba en agonía y eso dolía. Lo pensé incontables noches, visualizando si es que te atreverías a detenerme. Fui una tonta al creer que aún a tu lado me querrías.
Tal fin de semana que pasé en Puerto Varas. Sábado —única noche en el hostal— casi que no pude dormir por una hembra que me dejó alborotado al —según yo— tirarme la onda, ahí mismo en la cocina común de la casa histórica (...)