Estimado director: Le escribo no para que me entiendan, sino para no seguir ahogándome en un silencio que ya aprendió a doler. Crecí en una casa donde los gritos eran el idioma oficial y el miedo, el único techo firme. Mi padre no hablaba: estallaba. Y cada estallido caía sobre mi madre… y también sobre […]
Cuando decidí marcharme, fue por mi corazón; estaba en agonía y eso dolía. Lo pensé incontables noches, visualizando si es que te atreverías a detenerme. Fui una tonta al creer que aún a tu lado me querrías.