...Una mano estuvo en mi hombro en cada paso, cada vez que me rompí en mil pedazos estuvo ahí, cada vez que caí estuvo ahí, hecho mierda odiando el mundo, despreciando mi propia existencia el estuvo ahí, escuchó mi historia mil veces y me contuvo.
Desde hace un tiempo noto algo leve pero insistente, como una corriente subterránea. Hay dentro de mí una mirada que me observa, sin juicio, sin apuro. Me acompaña como si supiera más de mí que yo misma. No habla, no escribe, no ordena: sólo observa (...)