Tal vez ese sea mi desafío final: aceptar que la estabilidad también puede ser interesante o que la ternura no tiene porqué ser precisamente la ausencia de fuego, sino su forma más exigente o evolucionada de existir.
Hablar del amor suele asociarse con aferrarse, cuidar y no soltar. Sin embargo, hay momentos en la vida en que amar también implica lo más difícil de todo: dejar partir.