De repente comencé a extrañarte nuevamente,
sentir tu mirada sobre mí como si fuese lo único para ti,
ese aroma tan tuyo que me volvía loca,
tu piel tan cálida bajo mi tacto…
(...) Dios... ¿cómo clamo tu auxilio en esta noche vacía? ¿Cómo hago para que él me perciba, para que mi espíritu no se disuelva en la hiel de la agonía?