Vi con asco los ojos de la envidia y de la ira; ese abismo entre el deber ser, lo que quisiera ser, y lo que soy en la realidad. No le miento: me asusté un poco. Me vi, indeseable, asimétrica, ensombrecida por la verdad más cruda, sin maquillaje, sin puesta en escena.
Ella fue un mana dulce que hacía eones no probaba, pero no soporto estar con el Diablo, menos aún cuando mi economía psique y corazón se caían a pedazos por asunto caprichoso del azar…