
Carta enviada el 05 de julio 2026.
por Mata Hari
Mi estimado Sr.Director,
Quiero contarle que, el amor ha sido para mí más una prueba de lucidez, que una promesa dicha dulcemente al oído. No porque no crea en él, sino porque siempre lo he vivido con una tensión casi encantadora. Como si el final se revelara justo en el momento en que doy el primer beso. Ahí está la expertis de mi oficio: anticipar la escena mucho mejor que un oráculo.
He amado, casi siempre, en territorios equivocados. No por error-tengo que aceptarlo-sino por cierta afinidad. Han sido lugares donde la intensidad suplanta a la permanencia y el vértigo se disfraza de verdad. Mi ansiedad, esa inteligencia impaciente que tengo, nunca se equivoca. Y aun así, avanzo. Debo reconocer que cada decisión que tomo en estos asuntos no busca ningún tipo de salvación, por el contrario, me conduzco por voluntad propia a mis propios precipicios.
Pero aún así, con el tiempo aprendí algo más peligroso que resistir o evitar la caída: aprendí a caer con gracia. Ya no me pierdo en el impacto. No salgo intacta, claro, pero sí inmune de ilusiones. Alguna marca queda (siempre queda), una tensión cerca del pecho o alguna que otra señal discreta de haber deseado con plena conciencia del costo.
Sin embargo, de los malos amores no estoy cansada, sr Director. Estoy curada. Eso lo hace muy distinto. Cansarse es estar condenada a la repetición constante; curarse, en cambio, es certeza absoluta. Creo que esa es mi verdadera graduación…
Lo que me inquieta es otra cosa.. No sé moverme (todavía) en aquellos parajes donde nadie intenta huir. Donde el deseo no amenaza con desaparecer o donde la calma no se disfraza de abandono. Ahí, siento que el riesgo toma otro matiz: ya no es caer, sino quedarse, ya no es perderse; sino ser vista sin esa necesidad de incendiarlo todo.
Tal vez ese sea mi desafío final: aceptar que la estabilidad también puede ser interesante o que la ternura no tiene porqué ser precisamente la ausencia de fuego, sino su forma más exigente o evolucionada de existir.
Y contra mi propia costumbre, creo que estoy lista.. No para un amor más seguro, sino para uno más consciente. Quizás, donde el pulso no se me acelere por tensión, sino por verdad o donde amar no sea una caída elegante, sino una elección diaria, donde no se necesite buscar la salida permanentemente.
Porque esta vez, si arde, será por reciprocidad y coherencia, y si no, no valdrá la pena. De eso estoy segura.
Mata Hari